« NUEVO MILENIO, DESAFIOS LIBERTARIOS » Populismo,una enfermedad de las democracias europeas.

Franz Kaltenbeck



Nada es más tranquilizador que poder delimitar un fenómeno inquietante, identificarlo y localizarlo cuando se trata de una enfermedad, de atribuirlo a un grupo social, a una parte de la populación,  incluso a un partido político, cuando tenemos que enfrentar una convulsión social. Sin duda los populismos en Europa están representados por una cierta cantidad de formaciones políticas que se sitúan frecuentemente a la extrema derecha en el tablero de ajedrez de nuestras democracias: El Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen (Francia), le FPÖ de Jörg Haider (Austria), el Vlaams Blok de Filip Dewinter (Belgique), el SVP de Christoph Blocher (Suisse), la Lega norte de Umberto Bossi (Italia), El partido hamburgués del  juez Ronald Schill, la agitación antisemita alrededor de Jürgen Möllemann en el FPD (Alemania), el movimiento campesino de Adrzej Lepper (Polonia), el Partido Popular de Pia Kjaersgaard (Dinamarca), El Partido del Progreso de Carl Ivar Hagen (Noruega) , el Partido Popular de Paulo Portas (Portugal), etc. Todas estas formaciones y tendencias fueron estudiadas en sus especificidades respectivas.
 
Los politólogos y observadores hacen notar que los populismos no se limitan a la (extrema) derecha. Así se pudo caracterizar el holandés Pym Fortyn como un liberal autoritario, se considera Oskar Lafontaine como el hierro de lanza del nuevo populismo de la izquierda alemana (al oeste), las tendencias populistas del PDS del exsenador Gregor Gysi al este de Alemania son comprobadas desde hace tiempo y gracias unicamente a una corrección de los ideologos d'Attac que este movimiento toma sus distancias de su antimundialismo primario de antaño. El mismo New Labour de Tony Blair encontró en Gordon Brown, Philip Gould et Peter Mandelson defensores fervientes de la clase obrera blanca y no retrocede delante de un “populismo ethnico”. La dicotomía derecha/izquierda parece entonces trastornada por esas extrañas recuperaciones de miedos, malestares, desamparos y otras voluntades de desquite supuestas a un pueblo frecuentemente ilocalizable. Recuperaciones que acaban en la mayoría de los casos en proposiciones fóbicas : cierres de fronteras, proteccionismos de todo tipo que uno cree con frecuencia compatibles con un liberalismo thatcheriano al interior de fortalezas ideológicas que se quieren construir, segregación, incluso rechazo de refugiados e inmigrantes.
 
Los trabajos sobre el fenómeno populista contradice al menos dos prejuicios: los fenómenos no se dejan encerrar en los márgenes y extremos de las sociedades europeas actuales y siendo que ellos son frecuentemente representados bajo la forma de partidos y de movimientos, no escapan de ninguna manera al control del juego democrático. Si algunos de estos movimientos – como el Frente Nacional o la FPÖ- pretenden dar voz a los excluídos, a los marginales, incluso a los que pierden del ultra-liberalismo, ellos mismos no están en absoluto excluídos como partidos políticos, incluso si las leyes electorales no les son favorables. Le Pen reivindica por el mismo de haberse mantenido siempre en las reglas de la democracia que él insulta, sin embargo ahora, como “totalitarias” y Alain Badiou tiene razón en considerar el leader del Frente Nacional como un puro producto del parlamentarismo francés.  Es aún más claro en el caso de Jörg Haider que ya a los 28 años era diputado del parlamento austriaco. Después de los años resplandecientes del canciller socialista Bruno Kreisky, la política austriaca hubiera sucumbido al aburrimiento mortal de sus sucesores sin el obsceno espectáculo que Haider presenta a los austriacos desde hace 20 años.
 
El goce inherente a ese síntoma social que se designa ahora como “populismo” tiende una trampa a aquellos que lo interrogan. Ellos se arriesgan a duplicar en sus debates la pretendida exclusión, frecuentemente buscada por los provocadores extremistas mismos que están siempre buscando ocasiones de promover su presencia en los medios de comunicación. Al lado opuesto de la indignación políticamente correcta se encuentran los especialistas que para no marcarse en el desprecio de las élites liberales, testimonian de una verdadera amabilidad con respecto a la ola populista que ellos interpretan como una justa reacción a las injusticias económicas que golpean los desheredados autóctonos de su país. Es verdad que los populistas denuncian frecuentemente situaciones insostenibles: por ejemplo, el sistema de repartición de poderes entre los partidos conservador y socialista en Austria a espaldas de sus electores (sistema dicho du Proporz) hasta en 1999 o las importaciones insensatas de productos agrícolas en Polonia, impuestas por la Unión Europea, medida que deja tantos agricultores poloneses en la ruina porque lo único que pueden hacer es botar sus propias producciones. En cuanto al caso austriaco, se debe notar que la distribución de los puestos continúa bajo la coalición  entre los conservadores y el partido de la extrema derecha. El ex-boxeador Andrzej Lepper descalifica por su violencia la causa justa de los campesinos empobrecidos que él representa.
 
El miedo histérico frente al peligro extremista tal como se manifiesta en Francia después del primer tour de la elección presidencial enmascara de nuevo el verdadero problema que muestra la subida de las diferentes formaciones populistas europeas: una crisis profunda en el seno de nuestras democracias. Puesto que el populismo no es peligroso a causa de su fuerza reaccionaria que, después de todo,ya encontró sus límites. Este indica sobre todo patologías inquietantes en los sistemas representativos de nuestras sociedades, sus tendencias regresivas, sus renuncias a los valores fundadores, su incoherencia política y su arbitrariedad en el manejo de la palabra. Sus fragilidades están compensadas por un ejercicio de poder cada vez más brutal hacia las personas desprovistas de todo derecho – los que están sin trabajo, los que están sin alojamiento, los inmigrantes, los refugiados, los prisioneros. No es la presión que viene de olas populistas lo que conduce los aparatos de los partidos tradicionales al abandono de sus semejantes y las barreras democráticas. Al contrario, es este abandono lento que ha producido la escalada populista. El escritor Peter Turrini notaba ya en 1987 que Haider no era el adversario de dos grandes partidos políticos austriacos sino su “amplificador”, el que hacia el doblaje con sus exageraciones. La invención del Frente Nacional por Mitterrand, demostrada por Jean-Claude Milner, es otro ejemplo de esta complicidad entre los partidos tradicionales y los partidos extremistas.
 
Los impases populistas – racismo, el repliegue sobre sí mismo, la exclusión de los frágiles, la mentira sobre los valores fundadores de toda comunidad – deben sobre todo ser interpretadas como los signos de la esclerosis de nuestro sistema político que como olas reactivas al margen de nuestras sociedades. Michael Müller, vice-presidente de la fracción de la SPD en Bundestag tiene razón de escribir que el populismo destruye la democracia con el riesgo de prepararnos un siglo autoritario. Pero el abismo que se crea entre los woorking poor y los super-ricos resulta directamente de la impotencia de los políticos a para la desregulación de la economía del mercado. Nuestros aparatos de estado tienen una gran responsabilidad en el cansancio con respecto a la política que, según la mayoría de los políticos, refuerza las filas populistas. Cuando los representantes del pueblo se contentan con organizar “la sociedad del espectáculo”, ellos son rápidamente desbordados por payasos demagógicos listos a ir más lejos en la distracción de las masas.
 
Cómo opera la toma del poder populista? Lejos de provocar una contra-revolución, esta recupera  una cierta cantidad de significantes para pervertirlos. Jörg Haider calma el miedo notorio de los austriacos frente a toda posibilidad de cambio cuando este les asegura que no será necesario hacer una revolución en su país. (H, 18). Por otro lado, esta empuja al goce incestuoso, incitación que se repercute en los programas que preconizan la felicidad de quedarse entre sí y de regreso al país de origen habitado por la madre (Heimat). Las variantes del populismo que hacen la promoción de este regreso están heredadas del nazismo. Nikolas Sombart habla en uno de sus libros de este descenso hacia las madres del que Hitler se apreciaba ser el campeón más ardiente. La operación populista en el lenguaje se muestra en primer lugar, en la confiscación de la palabra “pueblo”.
Giorgio Agamben publicó en 1995 dos ensayos incisivos sobre esta palabra. En “Que es un pueblo,” (M, p.39-46), el subraya primero “la ambigüedad semántica” del concepto de “pueblo” que designa por un lado “el conjunto de ciudadanos como cuerpo político unitario” (como “el pueblo italiano, el juez popular o incluso el pueblo inscrito en la Constitución americana – We people of the United States...”). Por otro lado, se entiende por “el pueblo” también “los pobres, los desheredados, los excluídos”; “los miembros de clases inferiores”. Hablamos así del “hombre del pueblo”, de “barrios populares”,etc. Según Agamben, esta ambigüedad no sería fortuita, esta refleja sobre todo una anfibología inherente a la naturaleza y a la función del concepto de pueblo en la política occidental” (40). De una parte, el Pueblo es “cuerpo político integral”, soberano, podríamos añadir; de otra parte el pueblo es “multiplicidad fragmentaria de cuerpos necesitados y excluídos” (41). En su polaridad la palabra  pueblo evoca a Agamben las “palabras primitivas” (Urwote) de Karl Abel, tal “lo sagrado” que toman dos sentidos opuestos. Mientras que el Pueblo está incluído en la Cité y que podemos atribuirle la vida en el sentido de bios, el pueblo está excluido de esta y se encuentra sobre todo en “la vida desnuda” (zoé). El concepto de pueblo lleva en él una “escisión fundamental”, incluso “la fractura biopolitica fundamental”. Este concepto suscita contradicciones y problemas sin solución cuando el “está puesto en juego en la escena política”. El conlleva en él una escisión más original que la de amigo-enemigo,  apreciada por Carl Schmitt. Las guerras intestinas que desgarran cada pueblo e incluso la lucha de clases, emergen en esta escisión radical entre el Pueblo y el pueblo (42) exprimida por ejemplo, en la dicotomía romana de populus y plebs. En cada época histórica, esta escisión se manifiesta: cuando por ejemplo, a partir de la Revolución francesa, el Pueblo se vuelve soberano, “el pueblo se transforma en una presencia molesta y miseria y exclusión aparecen por la primera vez como un escándalo completamente intolerable” (43). En cuanto a nuestra época, Agamben formula la tesis central en su ensayo: nuestra época intenta colmar la escisión que divide al pueblo, ella quiere eliminar el pueblo de los excluidos. Esta tentativa se observa en la derecha como en la izquierda en los países industrializados. Se quiere allí “producir un pueblo uno y no dividido”, “un pueblo sin fractura”. Es este el “proyecto Hipolítico” de nuestra era. Es bajo este ángulo que Agamben da una mirada nueva sobre la exterminación de Judíos en el imperio nazi. Los Judíos, no dejándose integrar en “el cuerpo político nacional” representando así el pueblo, son su “símbolo viviente”. Pero este pueblo por excelencia pierde todos sus derechos en la Alemania nazi, no tiene más sino lo  que Agamben llama “la vida desnuda”. Sin embargo, esta presencia de la vida desnuda se vuelve intolerable para los que quieren crear el Volk alemán o sea un “cuerpo político integral” y puro, un pueblo sin falla “que colme la fractura biopolítica original” (45). Esta producción del Pueblo (Volk) tendrá un precio. Agamben propone una variante del imperativo freudiano, Wo Es war soll Ich werden (“Allí donde está el ello, el yo debe advenir”). Allí donde hay la vida desnuda, debe haber el Pueblo, diría el imperativo perverso de la biopolitica moderna. Pero este imperativo conlleva inmediatamente su corolario inverso: Allí donde hay el Pueblo, hay la vida desnuda, es decir, el pueblo sin ningún derecho. Y es este pueblo, reducido a la vida desnuda que los nazis no podían soportar. Entonces, ellos se pusieron a exterminarlo en sus campos.
 
Desde esta época, no hay verdaderamente solución de continuidad en la voluntad de volver homogéneo el Pueblo, empujando a las clases pobres a los márgenes extremos de nuestro mundo. Poblaciones enteras del tercer mundo están reducidas a la vida desnuda. Los sistemas capitalistas del Occidente no tienen entonces en cuenta “la escisión biopolitica”. Ellos quieren sobre todo colmarlas al precio de una exclusión cada vez más atroz. Los ideólogos populistas juegan un doble juego frente a esta política. Por un lado, pretenden defender los que la recuperación económica ha dejado atrás. Pero en ese caso los desclasados, los perdientes y las victimas del mercado tendrían que pertenecer a la buena nación, la buena raza, la buena clase social y frecuentemente el buen sexo (el partido de Haider es un partido sexista). También los populistas lo que hacen es reforzar la obturación de la escisión original de la que sufre el pueblo por sus propiedades (esta clase, raza, nación y sexo) y aumentan así la exclusión real de todos los que entran en el Imaginario de su concepción del Pueblo de ellos.
 
Un libro de Alice Becker-Ho (Los Príncipes de la jerga, Paris, 1990), inspira a Agamben una puesta en causa aún más radical del concepto de pueblo (cf. “Las lenguas y los pueblos” (M, p73-81). Agamben recuerda que el concepto de pueblo es frecuentemente definido con la ayuda del concepto de la lengua hablada por una comunidad dada, así que uno refiere una lengua frecuentemente a la comunidad que la habla y que se considera como un pueblo. (Esta interdependencia de los dos conceptos juega en efecto un rol en las legislaciones sobre la inmigración: en varios países europeos se pide ahora a los candidatos a la inmigración de pasar cursos y exámenes de la lengua del país que los acoge). Pero los dos conceptos son más que inciertos. “No tenemos en efecto, la mínima idea de lo que es un pueblo ni de lo que es una lengua...”(76). Entonces, siempre se quiso aclarar el concepto oscuro de pueblo por el concepto aún más oscuro de la lengua. Son los gitanos  y su relación a la jerga, desplegada en el libro de Alice Becker-Ho, que permiten a Agamben transportar la relación entre nuestros dos conceptos en un nuevo terreno. Agamben observa primero que la llegada de los gitanos en Francia durante los primeros decenios del siglo XV es más o menos contemporánea con el nacimiento del argot, “la lengua secreta de los bandoleros  y otras bandas de ladrones que se multiplican en los años atormentados marcando el pasaje de la sociedad medieval al Estado moderno” (74). Agamben puede entonces apoyarse en un descubrimiento muy importante de Becker-Ho : al menos una parte del léxico de la jerga proviene del rom de los gitanos. Entonces el argot, no es una lengua sino una jerga o un lenguaje secreto, que estas bandas de ladrones al final de la edad media de la cual son originarios los Gitanos, utilizaban con el fin de no ser entendidos por los demás. “Descendientes de una clase fuera de la ley de otra época”, los Gitanos son tan poco un pueblo que el argot no es una lengua. Los gitanos descienden de una banda que había atravesado una época atormentada y que hablaba un “lenguaje exquisito” para protegerse. Sobre este detalle de la historia, Agamben construyó una parábola audaz “la tesis según la cual todos los pueblos son Gitanos y todas las lenguas son argots” (79). Esta tesis tiene el mérito  de terminar con las ideologías que intentan dotar los conceptos del pueblo y de la lengua de substancias dudosas. Esta abre además nuevas perspectivas para la investigación.
 Las lenguas no son siempre tributarias de innovaciones poéticas? Y los poetas innovadores   (Dante, Joyce, Celan...) no se refieren frecuentemente a comunidades minoritarias? La parábola de Agamben, a saber, que los pueblos que se respeten son Gitanos y las lenguas son una jerga, denuncia también de esta manera la pusilanimidad de los populismos. Estos tienen horror del arranque que constituye los verdaderos pueblos. Lejos de limitarse al nomadismo, que ha sido muy repetido en estos últimos tiempos, este arranque consiste sobre todo en la aparición de un destino común y de una solidaridad, imposibles de encontrar en la realidad social preconizados por los partidos nacionalistas.
 
Los adherentes al populismo se oponen en una adversidad especular a los pueblos (las clases pobres, los refugiados, los pueblos del tercer mundo...) Esta agresividad imaginaria se manifiesta también al nivel del lenguaje. Si un pueblo habla una jerga que se convierte en una lengua, los populistas desarrollan retoricas con efectos fáciles: Tan aislacionistas y altaneras – Le Pen se satisface de manejar el sistema de subjuntivos – como de una familiaridad desoladora. Haider habla una lengua a la vez familiar y extranjera a sus electores, escribe Christa Zöchling (H, p. 14).
 
Plagadas de increpaciones, estas retoricas están hechas para excitar las masas por la transgresión de las prohibiciones del antisemitismo y el racismo, prohibiciones observadas hasta un pasado reciente en las sociedades europeas. Cuando en la primavera de este año, Jürgen Möllemann amplificó los ataques antisemitas de Jamal Karsli, un antiguo Verde , contra Michel Friedmann, el representante de Judíos alemanes, Möllemann se felicitaba de que la sección del FPD de  Rhénanie-Westphalie a la que él pertenecía, había ganado 300 nuevos miembros.  Haider y Le Pen tenía éxitos parecidos como efectos de sus palabras de odio. Cuando un nigeriano en vía de expulsión es ahogado en presencia de policías austriacos, Haider no tiene otra cosa que decir que esto: estos nigerianos son dealers de droga y “asesinos de nuestros hijos”.
Cierto, los homenajes de Haider a la SS y a la política en pleno empleo en el IIIème Reich le dieron votos al FPÖ del leader carintiano . Pero sus excesos de palabra corresponden también a una tendencia más profunda que esta “transgresión calculada de reglas” que Michael Müller denuncia en los populistas. Haider aplica un programa nihilista, esta devaluación de valores, que la sociedad de la post-guerra había supuesto como restablecidos. Para esta sociedad, que salió de los horrores del nazismo, que se definía como humanista, los futuros cantaban todavía en esta época. Los Möllemanns y Haiders no se limitan solamente a la provocación, haciendo saltar los tabúes. Ellos tratan, no sin éxito de demoler estos valores simbólicos de los cuales todo el mundo espera que hagan barrera contra la bestia humana.
 
Sin embargo, el lenguaje populista no se limita a estos extremismos. Puede tomar formas mucho más refinadas y disimuladas. No se observa, después de la reinstalación de la derecha en el poder en Francia ,un estilo extraño de comunicación inventado por la “nueva administración”. De una parte, el nuevo poder toma sus distancias con las elites. Por otra parte, los comunicados técnicos, fríos y objetivos apreciados por los socio-liberales son remplazados por lo que ya se bautizó con el término de  “raffarinades” . Enunciados del primer ministro, que nos equivocaríamos si subestimamos su importancia. Raffarin no solamente encontró la manera de desmarcarse del discurso tecnocrático de sus predecesores. La trivialidad de sus sabidurías (“La ruta es derecha pero la pendiente empinada”) podría ocultar un potencial insospechado de identificación. Nada es más compartible que el vacío. La identificación en la psicología de las masas post-modernas se basa menos en un “trazo unario” (del cual el ejemplo lacaniano es el bigote de Hitler) que sobre el vacío que habita todo sujeto.
 
Sloterdijk escribe: “El secreto de los Führer de antaño y de stars de hoy consiste en el hecho que ellos se parecen a sus admiradores más obtusos...” (V, p.21). Por Sloterdijk, el  Führer es el mandatario y el condensado de la bajeza y de lo malo (Gemeinheit) de las masas. Pero el análisis de esta identificación debe ser profundizada. Ciertamente a las figuras que enardecen hoy las masas no les repugna encarnar el denominador común de la vulgaridad, sino que ellas funcionan también sustrayéndose a las identidades que podrían atribuírseles. La tendencia de Haider de rodearse de hombres jóvenes encontró eco en los rumores sobre su homosexualidad. Rumores reforzados con el silencio sobre los homosexuales de la parte de este opositor de minorías, no muy católicas. Elfriede Jelinek no dudo en dar su opinión sobre esta cuestión. Cierto, Haider es el centro de un círculo homoerotico, pero él juega antes que todo con su “ambivalencia sexual”. “Él puede ser hombre y mujer al mismo tiempo, es este reflejo que le permite 'captivar' las masas. (H,214). Observación preciosa que aclara también la inclinación de Haider y de sus hombres por el desmentido político. Cuando van demasiado lejos en su transgresión, niegan la evidencia de sus palabras grabadas, se declaran ser víctimas de manipulaciones tramadas por fuerzas oscuras (extranjeras, socialistas, masónicas, etc.) El hecho de borrar la huella que da prueba está dictado por la necesidad de presentar una imagen donde todo es posible, donde todo puede ser dicho. Todo pero también nada: Haider muy enjuiciador, se volvió el maestro de la censura, jamás corto de astucias judiciarias para defenderse en procesos interminables contra toda queja contra él cuando ha difamado al adversario.
 
En la explotación de la ambigüedad sexual y de la incoherencia lógica, el populismo está de moda. Es efectivamente de buen tono hoy de fusionar los contrarios con fórmulas espectaculares y liberarse de las limitaciones de la ley del significante. Poco importa que tales sofismos solo correspondan a una gran dependencia de un simbólico vacío de su rigor! 
 
 
La desenvoltura post-moderna del populismo responde a numerosas regresiones hacia ideologías lejanas: racismo, preferencia nacional, sacralización de la familia y de la madre, destrucción de leyes simbólicas elementales como la hospitalidad, el respeto del otro, el regreso a la adulación del pequeño jefe.
 
En efecto, el leader  populista obedece a una extraña lógica.Catapultado por un programa imposible de realizar, este huye de la responsabilidad como la peste, sabiendo que él no sería nada sin la protestación y la subida de la violencia. De ahí el derrumbamiento reciente de la coalición gobernamental austriaca. Este gobierno cayó delante de las reivindicaciones exorbitantes del leader du FPÖ, un partido que se situaba a la vez en la oposición y en el gobierno. Sin embargo, M. Haider también se atrapo a sí mismo en la trampa. Él hubiera querido hacer un compromiso pero era demasiado tarde. El jefe populista, temiendo la toma del poder solo puede burlar la autoridad política. Esta actitud, en resumidas cuentas auto-destructora, es más destructora que uno lo piensa porque ella se deja infiltrar en el poder mismo. Varias renuncias y no decisiones al nivel europeo testimonian de la seducción ejercida por la irresponsabilidad populista. Pensamos en las fallas de la construcción de la defensa europea, a la fragilidad de la política de la investigación y a la avaricia europea con respecto a los pueblos de África y Asia.
 
El populismo es el síntoma de un discurso político obstaculizado. Es un azar si Austria, el primer país europeo que ahí sucumbió, no dispone prácticamente de ningún periódico serio. Pero aún, este país es prácticamente co-gobernado por el editor de un  panfleto a resabios fascistas, la Kronenzeitung. Pero este fenómeno no habría tenido mucha importancia más allá del folklor alpino si los grandes periódicos alemanes no comenzaran, en su turno, a perder su substancia. Ahorcados por la baja de la publicidad están obligados de reducir severamente sus redacciones.
 
El empuje populista de la televisión no es un secreto para nadie. Una cierta cantidad de películas con éxito juegan la misma carta. Pensamos por ejemplo a Monster's ball (En la sombra del odio”). Esta película parece celebrar el amor entre un guardián de prisión blanco y una mujer negra. Pero mirando de más cerca, este vehicula un mensaje puramente social-darwinista. El amor entre la bella Halle Berry y el forzudo Billy Bob Thornton se vuelve posible solo después de la eliminación de todos los frágiles: desde el marido de Hall, ejecutado después de una larga estadía en el corredor de la muerte, del hijo obeso de Hall, al padre amargado de Billy Bob, etc. Mismo sonido de campanas en Lantana, un film austriaco que canta la gloria de la pareja sana en detrimento de los turbios adulterios que quedan en la ruta. Estos dos ejemplos muestran una cierta connivencia de lo Imaginario contemporáneo y la ideología populista. En esta crisis de la imaginación creadora se ven subir imagos reaccionarios.
 
Los leaders populistas pretenden querer cambiar la corrupción, el estancamiento y la injusticia en nuestras sociedades. Pero su falta de imaginación, los fuerza a recurrir a los instintos más bajos que el hombre puede tener: el racismo, la xenofobia, la exclusión del otro. Leo Löwenthal, un sociólogo de la literatura ha caracterizado la técnica retórica de los “engatusadores” populistas como “psicoanálisis invertido” (psychanalysis in reverse). (cf. Helmut Dubiel, “Die Stunde der Verführer”, in Die Zeit, 5 de Septiembre 2002, p.11). El buen psicoanalista se borra ayudando a su paciente a librarse de sus trabas conflictuales y de sus angustias. “El populismo hace lo contrario. Este refuerza las angustias inconscientes y las obsesiones de su público con el fin de que este se le pegue”, escribe Helmut Dubier (loc.cit.) Esta oposición entre el populismo y el psicoanálisis se deja profundizar cuando uno articula los textos de Freud sobre la sociedad y la religión. Extraemos solo tres puntos.
 
Frecuentemente ha sido notado que Freud no era un demócrata ferviente. Tendría el una tendencia por el autoritarismo en la política? Hay que ver. Mirando de más cerca sus escritos sobre la sociedad de los años veinte y treinta, nos damos cuenta que él tiene dos ideas del leadership, una sobre todo critica, la otra idealista. Hay el leader  y los guías. El leader  o el Führer  se ofrecen como objeto a una masa, es admirado por los miembros de esta masa que reconocen en el algo de ellos mismos, se identifican con él. Para esto ellos tenían primero que sacrificar sus ideales propios que no pueden ser los mismos de todos y los han remplazado por el objeto amado que se convirtió en su leader.  Este mecanismo en la psicología de las masas, presenta el análisis del fascismo creciente en la época en que Freud escribió el libro Psicología de las masas y análisis del yo. (1921). El análisis freudiano del Führer no es directamente aplicable al populismo que puede estar destilado por un político elegido democráticamente. Sin embargo, el populismo y le fascismo comparten un hecho: pasan por la manipulación de su público y no por la argumentación política y desde este punto de vista, ellos no dejan a su público la escogencia de la reflexión y del pensamiento, ellos imponen sus contenidos.
 
Pero encontramos en Freud también otro tipo de leader.  Freud lo llama así por su deseo en El porvenir de una ilusión o en Porqué la guerra? Cuando el habla de este tipo de guía, emplea frecuentemente el plural. Las personas que encarnan estos guías están en general opuestas a las masas. Que es lo que las diferencia? Habiendo dominado sus propias pulsiones y habiendo adquirido la “posesión cultural psicológica altamente preciosa” de un reforzamiento del Superyó, ellas son los productos de una mutación: adversarios de la cultura se convirtieron en soportes de la cultura. Si estos “individuos modelos” son reconocidos por las masas como sus guías, ellos tendrán una influencia en estas masas y podrán conducirlas a los logros y renuncias sobre los cuales reposa la cultura. Para no perder su influencia y ceder a la masa, estas personas deberían disponer de un cierto poder que los vuelve independientes de estas. Este sueño platónico no es sin duda compatible con la democracia. Lo que Freud parece temer más en 1932-1933 es la connivencia entre el leader  y la masa. De otra parte, el emplea el plural cuando el habla de estos “portadores de cultura” que tendrían que conducir las masas a contribuir con la cultura. Formarían ellos una oligarquía de maestros? Recordemos que Freud les concede antes que todo el control de sus propias pulsiones. Vemos mal entonces lo que los empujaría al abuso de su poder. Sabemos también como ese sueño de Freud se termina cuando el condensó sus figuras de guías hacia la cultura en la sola persona de su Moïse.
 
Freud no renuncio a su sueño. No formo él una cantidad de analistas para quienes la cuestión de su dominio de las pulsiones y  de los actos que resultan de estos, se puso en efecto en el real. Freud sitúa entonces los conflictos decisivos del hombre en la cultura, no aceptando de rebajar la cultura a la civilización. Esta puesta en valor de la cultura no lo lleva a menospreciar la naturaleza. No encontramos en Freud ninguna glorificación de la técnica. La naturaleza  no estará jamás completamente sumisa al hombre. Esta se rebela contra nosotros con una violencia “grandiosa, cruel, sin piedad”, nos confronta de nuevo con nuestra fragilidad y desamparo a las cuales quisimos sustraernos a través de nuestro trabajo de cultura (Kulturarbeit). Si estas líneas evocan la atribución de lo sublime a la naturaleza en la literatura romántica estas adquieren hoy también una extraña actualidad. De esta manera no podemos dejar de pensar en las recientes inundaciones en Francia y en Europa central cuando leemos bajo la pluma de Freud que las catástrofes elementales tiene al menos la ventaja de desviar la humanidad de su hostilidad latente, de su dispersión cultural (Kulturzerfahrenheit) y de sus dificultades internas para recordarle su “tarea común” frente a la fuerza de la naturaleza. Por otro lado, Freud opone la cultura a la religión. Quien tomaría hoy a la ligera su advertencia sobre el hecho que la religión representa un peligro para la cultura?
 
La hostilidad populista a la cultura ahí donde ésta incomoda la tranquilidad  y el idilio de la pequeña burguesía, nos es demostrada hoy por varias purgas en Europa. Fráncfort renvió el bailador  Forythe, Hambourg, cerró las subvenciones en Metzmacher, el director de la ópera y Zúrich acaba de expulsar a Marthaler, el hombre de teatro y esto con gran satisfacción del partido populista (SVP) y de la asociación de contribuyentes suizos. El partido de M. Blocher reprocha a Marthaler de hacer “teatro fecal”, la asociación de contribuyentes le reprocha de pertenecer a la “Kulturmaffia”. Lo que Freud llama el “combate de la cultura” (Kulturkampf) cambio de terreno. Este combate no tiene unicamente  lugar entre el sujeto y su pulsión. Él también se propaga por todo lado en la realidad: entre la religión y la cultura, entre el capital y el arte, entre el dinero y la prensa por ejemplo.
 
Hoy hace exactamente 70 años que Freud escribió a Einstein su carta publicada con el título: ”Porqué la guerra?” (Septiembre 1932). La cuestión del gran físico, a saber lo que se podía hacer con el fin de defender los hombres contra la fatalidad de la guerra lo espanto, visto su incompetencia frente a esta “tarea práctica” que incumbe a los hombres de estado. Al final de su carta el escribe: “Usted ve, esto no conduce a gran cosa pedir consejo a un teórico por una tarea practica urgente”. Como por demarcar el dominio de su competencia práctica, el añade inmediatamente a esta confesión de impotencia: “Vale más esforzarse en cada caso particular que ir contra el peligro con los medios que están a su disposición”. Es decir  que él no se desarma, el que viene de declararse pacifista por predilección. Pero en su propia práctica, no se puede actuar que caso por caso y cada caso es singular.
 
El drama de lo político hoy, es que parece haber perdido su competencia para actuar cuando los problemas se vuelven serios. Hoy solamente? Ya en 1967, Guy Debord diagnosticó la pérdida de la práctica en la sociedad moderna [1] . Todo parece indicar que la práctica es el objeto perdido de la política y que esta debe progresivamente esconder que está perdida con todo tipo de semblantes, el uno menos credible que el otro. Los especialistas del populismo enumeran no sin deleite, todas esas incoherencias a las cuales se confronta la política de nuestros días: Cómo mantener la paz y garantizar al mismo tiempo los derechos humanos? Cómo volver el capitalismo global compatible con la democracia y la justicia social? Quién puede responder a la demande de la justicia frente a los pueblos del tercer mundo y guardar al mismo tiempo las fronteras de su país impermeables? (Helmut Dubiel, loc.cit.)  Frente a la complejidad de los problemas estaríamos casi inclinados a dar razón a Freud, que exasperado, escribe que “gobernar, educar, psicoanalizar eran tres tareas imposibles”. A lo que Lacan responde que estas son en efecto tareas, pero la prueba de su imposibilidad no está todavía demostrada. La dificultad de gobernar y de actuar sobre los electores en los Estados que debieron ceder una parte importante de su soberanía tiene sin duda su parte en la subida de los populismos. Pero es que hay que encontrar una coartada? Nadie negara la enorme dificultad de hacer hoy política en Europa. Pero lo político no tiene el deber de combatir la demagogia con las armas de su inventiva y oponer su deseo al odio? Si él no es capaz, se vuelve cómplice del populismo. Porque el peligro que nos acecha de un siglo autoritario, no viene tanto de los buenos puntajes de los partidos extremistas de derecha sino de la permeabilidad de la mayoría moderada al chantaje populista.
 
Paris, 15 de septiembre 2002 –  Franz Kaltenbeck – 
Traducción : Adriana Gonzalez
 
Notas bibliograficas :
Giorgio Agamben, Moyens sans fins, Paris, 1995,2002, Rivages. (M)
Guy Debord, La Société du Spectacle, Paris 1992, Gallimard. (S)
Wolfgang Eismann (ed.) Rechtspopulismus. Österreichische Krankheit oder europäische Normalität? Viena, 2002, Czrnin Verlag. (S).
Sigmund Freud, Studieunausgabe Band Ix. Fragen der Gesellschaft. Ursprünge der Religion. Francfort,1982. S. Fischer. (F)
Jacques Lacan, “Radiofonia” en Otros Escritos, Paris, 2001, Seuil, p.403-466 ®
Populismus. Zeitdokument, Hambourg, a ser publicado. (P)
Peter Sloterdijk, Die Verachtung der Massen. Versuch über Kulturkämpfe in der modernen Gesellschaft,Francfort,2000, Suhrkamp. (V)
Id., Falls Europa erwacht. Francfort, 2002, Surhrkamp. (E)
Christa Zöchling, Haider. Eine Karriere. Munich,200, Econ. (H).
 
1-En francés: coquillards. (en el siglo XV en Francia, coquillart, en plural coquillars) corresponde a diferentes sustantivos y adjetivos. Nota de la traductora.
2-Del partido ecológico Verde – Nota de la traductora
3-Originario de la región de Carintia en Austria – Nota de la traductora
4-Esta palabra viene del apellido de un  primer ministro francés, señor Raffarin – Nota de la traductora
5-[1]“El hecho de que la potencia práctica de la sociedad moderna se haya despegado de ella misma y se haya edificado un imperio independiente en el espectáculo, no puede explicarse que por este otro hecho de que a esta práctica poderosa seguia faltando de cohesión, y se quedo encerrada en contradicciones con ella misma”. (La Sociedad del Espectáculo, 23, Paris, 1992, Gallimard, folio, p.25.)

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