SOBRE UN ENCUENTRO FALLIDO: RAZONES, SINTOMAS, CAUSAS

Autor: Franz Kaltenbeck
Traducción: Adriana GONZALEZ

 



Resistencias del psicoanálisis , este título de Derrida me detiene antes que yo comience más tarde a abrir su libro. Con este título, Derrida toma sus distancias con Freud y con Lacan. Porque pienso que sería falso de excluir de esto su carga crítica. Por supuesto, el psicoanálisis resiste, siempre ha resistido y resistirá a todos los ataques lanzados contra él. Pero Derrida, sugiere además, que el resiste a el mismo, que el se inmuniza contra el mismo. Esta idea de una enfermedad inmunitaria del psicoanálisis no le vino a Freud que publicó en 1925, en Imago, “Las resistencias contra el psicoanálisis” ni a Lacan que reconocía el origen de la resistencia sobre todo del lado del psicoanalista, para quitarle la carga al paciente – observación técnica de mucha fineza. 
 
Bien podemos darle razón cuando hemos frecuentado una cierta cantidad de colegas. Resistencia de los psicoanalistas al inconsciente y al desarrollo de la cura, resistencias de los psicoanalistas contra su propia práctica, contra sus propios intereses, contra su saber también, es decir contra el saber de otros psicoanalistas, el cual ellos no quieren; estas resistencias forman alianzas implacables con todas las otras resistencias, las que vienen de la sociedad, de la política o de las psicoterapias.
 
El escándalo del sujeto
 
Que es lo que no se soporta en el psicoanálisis cuando el funciona, e incluso cuando se tiene la sospecha que podría funcionar? Para responder a esta pregunta, es suficiente darse cuenta que hay analistas, y no pocos, que deniegan en sus actos más oficiales y es sin embargo curioso, la existencia del sujeto. Ellos soportan muchas cosas, todo, pero no eso. Yo podría dar ejemplos, pero por el momento me abstendré.
 
Que es lo que no funciona con el sujeto para que uno lo niegue? Lo que no funciona para esos analistas, no es su síntoma sino el riesgo de poder cambiarlo, al sujeto. No resisto a darles- y a desviar- esta replica que da Stephen Dedalus a Leopold Bloom en el capítulo Eumaeus d’Ulysse, citado por Derrida en Ulysse gramophone,  que es de actualidad: “– We can’t change the country. Let us change the subject.” (“No podemos cambiar el país, cambiemos el sujeto.” Evidentemente, Stephen propone cambiar el sujeto de conversación, pero es seguro esto?) Cuando uno cambia el sujeto, a donde vamos, cuando es que eso se detiene? No cambiaremos por azar, al mismo tiempo un trozo, no de un país, ni del mundo, sino un pedazo de lo real? Cierto, el peligro es todo virtual porque un tal cambio supone un acto y yo sé, este término hace reír más de un deconstructivista – sin razón, ya que este acto es sobre todo desagradable, y por consiguiente improbable.  En todo caso, no podemos creernos que estamos en el acto, siempre estamos al lado, aunque no le guste a los Lacanianos que tienen un aforismo para todo y que fetichizan el acto diciendo siempre que el psicoanalista tiene horror de este. Pero es un hecho que el psicoanálisis conduce a veces el analista delante del abismo, en el que el resiente que solo un acto podrá sacarlo de su propia impotencia frente al síntoma.
 
Cuando es urgente suspender el acto
 
El acto tiene una estructura paradoxal. Frecuentemente hay que suspenderlo y en su suspensión el manifiesta su necesidad, su urgencia. Anne-Lise Stern habla de “(su) pasión por la urgencia” (El saber deportado, p.122).
 
Una joven mujer no ha podido todavía sobreponerse a la muerte accidental de su hermano pequeño sucedida cuando ella tenía 10 años y él 6 años. Su madre conducía el auto con su hija a su lado y su hijo en la silla derecha en la parte de atrás. El auto entro en cruce cuando otro auto venía a mucha velocidad de una calle a la derecha, sin tener la prioridad. Un instante antes del choque, la niña estaba moviendo el botón del radio, un gesto que ella se reprocha hasta hoy, que ella no puede perdonarse, porque ella cree que ese gesto desconcentró a su madre. Desde entonces, ella no puede admitir la muerte del hermano, porque si ella la aceptara él jamás podría volver para perdonarla de haberlo matado con este gesto vano. Por mucho que todo el mundo haya querido convencerla que su madre no fue para nada distraída por ese gesto, que el choque fue producido por la otra conductora y que no es la culpa de su madre ni de ella. Nada funciona.  Ella se toma a sí misma como la causa de la muerte de su hermano. Este sentimiento de culpabilidad no le impide no aceptar que su hermano este muerto. Sus padres, muy afectados por la muerte de su hijo, se hicieron cómplices de la denegación de su hija de la muerte de su niño. Denegación no solamente de la desaparición de su hermano sino también y antes que todo, de la perdida padecida por su madre.
 
Su angustia viene antes que todo de que le está prohibido a su madre, de faltar, de desaparecer, de morir, ella también. La noche del accidente, la niña tuvo una pesadilla en la que su madre la acuchilla por la espalda. Los padres mantuvieron su hija lejos de los despojos del hermano desaparecido y la enviaron al campo en vez de llevarla al entierro. La conductora del otro vehículo era la esposa de un policía. Todas las huellas del accidente fueron borradas, de manera que las verdaderas responsabilidades no fueran jamás establecidas. 
 
Según lo que ella dice, la paciente vivió una adolescencia normal, pasó los concursos con facilidad y trabaja hoy como ingeniero en una gran empresa. Ella sufre sin embargo de algunos problemas somáticos y sobre todo, de angustia.
 
Ha consultado en provincia uno después de otro, un psiquiatra, una hipnoterapeuta y un psicoanalista. El psiquiatra no quería saber nada de ella, la hipnoterapeuta, una amiga de su madre le propuso de ponerle un “velo hipnótico” sobre sus dolores, ligados a la desaparición de su hermano y con el psicoanalista, ella logró al final, comenzar un trabajo hasta que fue trasladada a Paris donde ella vino a verme.
 
Había que renovar la receta médica contra la angustia y es por esto que yo la dirigí a un psiquiatra, un excelente prescriptor, él mismo formado en psicoanálisis. Sin embargo, este hombre, creyó bien hacerle una interpretación estrepitosa durante su primera consultación: “De todas maneras cualquier cosa que usted haga, usted no podrá devolverle la vida a su hermano”. Sideración de felicidad, en un primer tiempo. Ella se sentía cambiada. Le quitaron un peso de encima. Simplemente, una semana después de esta intervención intempestiva, un gran desespero se apodero de ella. La angustia y la depresión crecieron rápidamente.       Si su hermano no volvía, entonces como podía ella perdonarse?
 
Aquí está un ejemplo de la tentación y del malentendido terribles que el acto reserva al analista. Es claro que nadie había entendido todavía nada de ese caso enigmático y que se trataba de esperar, de suspender el acto, a pesar de todas las evidencias. Suspensión, diferancia (en francés está escrito differance,  con una modificación de la (e) de difference) digno de la escritura admirable del Más allá del principio de placer, puesto en evidencia de manera magistral por Derrida en su movimiento de “sin tesis” en “Especular – sobre ‘Freud’” (p.314). Hubiera sido mejor tener confianza en esta “técnica pasiva” que Karl Landauer había propuesto en respuesta a S. Ferenczi y Otto Rank. Esta mezcla extraña de poder y de impotencia expone hoy más que nunca al psicoanálisis a todas las envidias y agresiones de la parte de los que aspiran a un mundo sin pensamiento y sin escritura.
 
 
Jacques Derrida no quiere haber criticado Jacques Lacan, solamente deconstruir. Podríamos llamar esto una denegación, si Derrida no definiría la deconstrucción. Él explica que “la deconstrucción, si la hay, no es una crítica, aún menos una operación teórica o especulativa, metódicamente conducida por alguien, pero si la hay, ella tuvo lugar, (…) como experiencia de lo imposible” (Resistencias, p.73).
 
Queda sin embargo una confusión: Derrida no creó un estilo retórico que no tolera la contradicción cuando dice por ejemplo en La postal: “Sabes que no me doy razón y no demuestro nada. Ellos lo soportan muy mal, ellos quisieran que en consecuencia no haya pasado nada, borrar todo del mapa”. Temible estrategia del erizo!
 
El indica sin embargo en Lacan, una cierta cantidad de errores pero su trabajo de deconstrucción del edificio conceptual del autor de los Escritos vibra de una pasión que lo empuja a veces a su vez hacia la falta. Encuentro fallido o incompatibilidad de los discursos, el filósofo y el psicoanalista se leyeron pero me parece que sus lecturas respectivas, de las cuales, solo la de Derrida es explicita y publicada, incluso si el deja de lado muchos textos, sufren de ser parciales y tendenciosas. Entonces, estos hacen síntoma. Pero un síntoma tiene  sus  causas que empujan a actuar.
 
Goce de la carta robada
 
Comencemos por una de las quejas más justificadas de Derrida en su artículo “ El factor de la verdad ” : El hace observar que Lacan, leyendo “La carta robada” (1845) de Edgar Allan Poe, no observa ni el contexto en la creación literaria del escritor americano, es decir las otras “ historias de detective” – antes que todo “Los asesinatos en la calle Morgue” (1841) y “El misterio de Marie Roget” – ni el encuadre y el decorado literario” en los cuales se inscribe la intriga en el texto  - titulada “ La carta robada” que él va aprovechar. Derrida a razón de insistir igualmente sobre la falta de consideración por el narrador de este texto. Lacan reduce frecuentemente este texto a un “cuento” o a una “historia”. La doble “ablación” del contexto y del encuadre tiene consecuencias importantes en la lectura de “La carta robada” por Lacan y en la deconstrucción por Derrida.
 
Por el momento quisiera solamente retener un detalle. Lacan pasa sin perder una palabra sobre los significantes del placer y del goce (luxury (“voluptuosidad”, “lujo”))  que Derrida da como referencia al comienzo de dos de sus historias del detective Dupin, a saber, la del asunto de la calle Morgue y la de “La carta robada”. En el prefacio de “Asesinatos en la calle Morgue”, el narrador se queja de que las facultades del espíritu que pasan por analíticas, son ellas-mismas, poco accesibles al análisis. No las apreciamos sino en sus efectos y uno de los efectos es el placer vivo del cual, ellas son la fuente. “De la misma manera que el hombre fuerte goza (…) de sus capacidades físicas encontrando placer en los ejercicios que hacen trabajar sus músculos, el analista está encantado de esta eficacidad del espíritu cuya función  es desembrollar. El goza incluso, de las triviales ocasiones a condición que estas pongan en juego sus talentos. Le fascinan los enigmas, las perspectivas, los jeroglíficos”. El personaje de Dupin es, en los mismos textos, asociado al goce del espíritu analítico. Derrida cita, entre otros, esta frase de la historia “Los asesinatos de la calle Morgue”: “Los libros, de hecho, eran el único lujo ( his sole luxuries), y en Paris, se pueden encontrar fácilmente”. Todo el mundo conoce evidentemente el comienzo de “La carta robada”: “Yo estaba en Paris en 18… Después de una tarde de otoño tempestuosa y oscura, yo gozaba de la doble voluptuosidad (twofold luxury) de la meditación y de una pipa de espuma de mar, en compañía de mi amigo Augusto Dupin en la pequeña biblioteca o gabinete de estudio de la calle Dunot, nr.33, en el tercero faubourg Saint Germain”.
 
Ni en 1956 cuando Lacan publica su Seminario ni en 1969 cuando redacta el prefacio de la edición de bolsillo de sus Escritos I, Lacan no se detiene a este significante de “luxure” ataviado al estilo de vida y de pensamiento de Dupin, a quien él lo hace sin embargo, un predecesor del psicoanalista. Pero es interesante anotar que Derrida quien da como indicación este significante y lo menciona en inglés, no le da tampoco un rol importante en su lectura. Que Lacan no quiera llevar demasiado lejos la analogía entre el detective y el psicoanalista, que él no tome en serio en la época de la redacción de su escrito, el goce del conocimiento que el narrador supone a Dupin, puede comprenderse, incluso si el dirá más tarde que el pensamiento es un goce.
 
Lo que hace Derrida por otro lado – y antes que él, cuando lee Mimique de Mallarme en “La doble sesión”: “Pierrot mima entonces hasta el espasmo supremo el aumento de un goce que divierte”, es lo primero que él anota con respecto a este pasaje mallarmeano. El recuerda que el mimo juega alternativamente Pierrot y Colombina, cosquilleada a muerte y habla en seguida de este “crimen perfecto [cometido por Pierrot] a solo confundir con el goce que se da una cierta especulación”  Habremos notado que este goce es puesto en relación con la identificación del mimo con su objeto (Colombina), una identificación que borra la diferencia sexual.
 
Pero porqué Derrida no dio un destino a este significante luxury en su lectura de Poe, una palabra que sin embargo hace signo al lector y sí inculpa Lacan de ser un “falogocentrista” y un idealista de la verdad? En cuanto a Lacan, él supone al psicoanalista un deseo que podría ser puesto en dialéctica con el “lujo” en el espíritu analítico del detective en búsqueda de la carta robada que, contrariamente a lo que afirma Derrida, no es tan idealizado en Lacan en 1956, cuando se quiere solamente hacer referencia a la citación joyciana de la página 25 de los Escritos : “ A letter a litter, una letra, una basura”  una citación que reposa sobre el texto de Poe mismo en el que la carta robada está descrita como sucia (the dirt; the soiled and torn condition of the paper). Y más tarde, Lacan preconizó el don de un goce inherente a la interpretación equívoca que hace a veces la felicidad del analisante, felicidad que no debería dejar indiferente una asamblea que lamina sobre la dirección de la cura.
 
Si yo señalo esta falta de explicación sobre este significante de la lujuria de ambos lados, es porque la letra mantendrá en Lacan desde 1963 un lazo estrecho con el goce mientras que yo solo he leído una articulación explícita entre la escritura y el goce en Derrida en “La farmacia de Platón”. Digo esto con todas las precauciones que se imponen a alguien que no ha frecuentado el filósofo con la misma asiduidad que ustedes.
 
Principio de placer de la especulación
 
Lacan que habrá por su parte formalmente articulé la escritura al goce, se expresa sin embargo poco y bien tarde sobre el concepto derridiano de la escritura. Extraño evitamiento. Derrida interpela Freud y a través de él Lacan, sobre el goce cuando él hace por ejemplo la remarca (CP, P.294): “La definición del principio de placer es muda sobre el placer, sobre su esencia y sobre su calidad”. Ustedes me dirán que el placer no es el goce. Es verdad. Pero cuando uno critica “el punto de vista cuantitativo” que Freud mantuvo desde su Esquisse y cuando uno reclama un saber sobre la calidad de la Lust se toca, desde mipunto de vista, el problema del goce. La preocupación con el goce en Derrida se vuelve más manifiesta a partir del momento en el cual, él reflexiona sobre la paradoja de la “especulación” de Freud que presenta el displacer originado en la represión. Derrida puntúa de manera justa la frase extraña al final del primer capítulo del Mas allá del principio de placer: “…pero es seguro que todo displacer neurótico es (…) un placer que no puede ser vivido como tal”. Un placer que no puede ser sentido, no corresponde al goce del síntoma? Pero el goce femenino es también propuesto de esta manera por Lacan. Por Derrida tal idea no es reductible a un modelo cualquiera de la filosofía y Freud no procede tampoco como un fenomenólogo. Su “especulación” no es clasificable. Se puede hacer la pregunta de saber si la “especulación” es una actividad de Freud específica a su trabajo de 1920 o si esta no se inscribe sobre todo en la serie empezada en 1895 con la Esquisse.
 
En su carta del 25 de mayo 1895, à W. Fliess, Freud deletrea en efecto su actividad intelectual con tres palabras: El escribe a su amigo berlinés que él pasa sus horas nocturnas entre 11pm y 2am “fantasmeando, traduciendo y adivinando” (Phantasieren, Übersetzen, Erraten).
 
Lo que intriga a Derrida desde el primer al tercer capítulo del Más allá del principio de placer, es el lazo entre la falta radical de todo placer y el automatismo de repetición (Freud, GW, XIII, p.18, CP, p.361). El insiste: el principio de placer guarda “toda su autoridad” en los primeros capítulos el trabajo de 1920, pero él admite al mismo tiempo: “El enigma, es al contrario la reviviscencia  [de un trauma] que parece no producir ningún placer a ningún sistema. Esto es lo que obliga a la hipótesis” (de una compulsión de repetición que se articulará más tarde en pulsión de muerte).
 
Entonces la cuestión es si el “especular” de Freud de los años 1919-1920 no es completamente otra actividad del espíritu de Freud que la de “fantasmear, traducir, adivinar”, esta última teniendo por objeto el inconsciente que él acababa de descubrir mientras que la primera, estaría articulada a la pulsión de muerte que es tan silenciosa como la escritura. Desde mi punto de vista, Lacan y Derrida faltaron al debate que hubiera podido conducir a lo que el segundo entendió por “escritura” y sobre lo que el primero llamó “estructura”.
 
Impacto de la teoría sobre la práctica
 
Derrida apunta a esta diferencia de especificidad de las actividades teóricas de Freud en relación a los dos conceptos fundamentales, el inconsciente y la pulsión? La cuestión no es extranjera a los problemas de dirección de la cura, porque lo que opera aquí es el deseo del psicoanalista y este deseo se alimenta de la actividad teórica. No estamos obligados de seguir a Hegel que se convencía todos los días de que “el trabajo teórico realiza más que el trabajo practico”; “una vez que se ha hecho la revolución en el reino de las representaciones, la realidad no se sostiene más”. Pero en su seminario  La Transferencia, Lacan reenvía la aceptación de los conceptos  to pragma  y de théôria cuando aparecen en el pensamiento griego: “La teoría no es, como nuestro empleo de la palabra lo implica, la abstracción de la praxis, ni su referencia general, ni el modelo de lo que sería su aplicación. Al momento de su aparición, esta es la praxis misma. Ella es ella-misma, la théôria, el ejercicio del poder, to pragma, el gran asunto” .
 
Polémica
 
 Derrida va directamente deconstruir el pensamiento de Lacan, para desgomarlo. Es difícil no darse cuenta que le hace la guerra, sin que forzosamente se la hubiera declarado. Es a los historiadores de resolver la cuestión de saber quién comenzó. Él se dedica a desmantelar toda una serie de referencias que Lacan dio a sus alumnos los cuales, es verdad, hicieron trivialidades. Por ejemplo: Lacan introdujo en la técnica psicoanalítica las sesiones cortas. Derrida ataca “los analistas apurados por concluir”. Lacan se niega a responder a la demanda de Laplanche de decir la verdad sobre la verdad. Derrida encuentra en Freud (CP, p.443) “la verdad de la verdad”. Lacan rechaza la idea que haya otro del otro y un metalenguaje. Derrida los restaura. Lacan toma aforismos. Derrida se burla. Lacan caracteriza Joyce con una categoría clínica, la del “síntoma” (“Joyce el síntoma”). Derrida nota en Ug, p113: “Quién firma? Quién firma qué en nombre de Joyce? La respuesta no sabría tener la forma de una llave o de una categoría clínica que podríamos sacar del bolsillo durante un coloquio”.
 
En su escrito “La instancia de la letra en el inconsciente”, Lacan escribe a propósito del Curso de lingüística general que es “una publicación primordial la que transmite una enseñanza digna de ese nombre, es decir que solo se puede detener en su propio movimiento”. Él hablaba también sin duda pro domo y su remarca, un poco sentenciosa, seguramente no le habría gustado a Derrida. Sin embargo esta hubiera merecido de ser pensada por el filósofo que había querido desenclavar el pensamiento de su captura en los juicios y en las proposiciones. 
 
No se trata de situar el pensamiento de Lacan en su contexto – el contexto no tiene siempre buen sostén – sino de tener en cuenta su dinámica, sus límites e impases, de sus orientaciones didácticas, polémicas, en sus repeticiones y en su sublimación. Por qué la enseñanza de un psicoanalista escaparía a la lógica del discurso del psicoanalista en el cual la verdad se despliega en función de los avances del sujeto? Pero Derrida hace como si Lacan hubiera pensado que sus proposiciones sobre la verdad estuvieran gravadas en el mármol, como si este saber no se constituyera en curso de su enseñanza. Es que Derrida no cae detrás de sus propios estándares cuando trata el escrito de Lacan sobre “La carta robada” como un texto fijo, cuando él hace abstracción del impulso, del gesto que inscribe este texto en la política y la historia del psicoanálisis y en el pensamiento? Leer Lacan a la letra significa también seguir el camino de la letra de Lacan, no cortar la letra de su línea de escape.
 
La escritura, más fuerte que todo
 
Entonces leyendo “El factor de la verdad”, yo tenía la impresión que Derrida se siente provocado por Lacan porque la complejidad entre el estilo y el destino de este analista hace obstáculo a su teoría de la escritura que es siempre más fuerte que todo, llevándose todo por delante con ella, más fuerte que el sujeto, más fuerte que la verdad, también más fuerte que el acto. Si yo me siento siempre apegado a Lacan es por la simple razón que lo sé voluntario a jamás cargar sobre las espaldas de cualquiera, un tal concepto “más fuerte que todo”. Incluso cuando el promovía la verdad, el lenguaje, el Otro o el real en todo su esplendor, él conservaba el sujeto como respuesta a lo real y le daba coraje para que jugara su carta, la responsabilidad, una palabra que no se limita a sus connotaciones morales un poco planas y de la cual es fácil abusar, sino que hace enlace entre el sujeto y el inconsciente freudiano del cual Derrida, según su propia declaración, no reconoce siempre el carácter inaudito e inédito.
 
Habría mucho que decir sobre la noción de sujeto en Derrida, tal como él lo esboza en Posiciones  en el que él hace de la subjetividad, un efecto de la diferencia.  El sujeto “depende del sistema de diferencias y del movimiento de la diferencia”. Incluso hablando y consciente, él no está presente a sí mismo antes de la diferencia. Es un sujeto que se divide más bien que estar dividido por el significante. Derrida rechaza “todas las oposiciones metafísicas”, por ejemplo las del significante y el significado, ya que estas estarían todas referidas a un “significado transcendental”. El rechaza el juego de oposiciones del significante con el argumento completamente valido que todo elemento de lenguaje es de entrada tomado en un “tejido”, un “texto” del cual él dice “que no se produce sino en la transformación de otro texto” (ibid.p.38), él no acepta tampoco la dicotomía lacaniana entre un significante-maestro y un significante del saber. Pero al mismo tiempo, se le escapa que este dualismo no está pre-establecido. Todo significante puede llenar las dos funciones. El sujeto lacaniano participa a la escogencia del significante que provocará su trauma. Una libertad que Derrida deconstruye sin duda con la indicación que Lacan estaba “demasiado en confianza con el neo-existencialismo sartriano” (Resistencias…,p.74). Contrariamente a lo que frecuentemente hemos escuchado, el sujeto sigue siendo necesario a la teoría de Lacan hasta el final. En el seminario El Síntoma, el enseña que el análisis encuentra su difusión por la restitución del sujeto en tanto que el está dividido por la operación del lenguaje. (p.36).
 
La refutación implícita
 
A esta crítica, a esta deconstrucción de un discurso detenido se añade otra estrategia: la refutación implícita. También Derrida pone en evidencia la “deuda” de Joyce, su culpabilidad, su I owe you en la continuidad de letras A, E,I,O,U en el que el “yo” del autor de Ulysse estaría constituido, un yo de esta manera surgido de la castración. El habrá anteriormente mencionado el telegrama del padre de Joyce, citado en Protée (chap.3): Madre muriendo entra en la casa del padre (Mother dying come home father). (Pero él no hace nada del “No! No! No!”, lanzado por Stephen al espectro de su madre en Circe y que  pone en dificultad la culpabilidad neurótica que Derrida sugiere sin jamás, mencionar la lectura que Lacan había hecho del Retrato del artista como hombre joven  que culmina en la observación de esta pérdida de la imagen del cuerpo en Joyce a la cual, su obra debió hacer suplencia como sostén del ego. Hace algunos años, Jacques Aubert estudio con sagacidad el lazo entre el “no” de Joyce y su ego.
 
Síntoma de la letra
 
Volvamos a la polémica la más incisiva que Derrida publicó en 1975 bajo el título “El factor de la verdad”. En este texto, él reprocha no solamente a Lacan sino a Freud también, el aspecto clásico de sus enfoques de la literatura. El escribe: “Se identifica entonces la práctica más clásica. No solamente la de la “crítica literaria”, filosófica, sino también la de Freud cada vez que él demanda a la literatura ejemplos, ilustraciones, testimonios, confirmaciones de un saber, una verdad, leyes que el trata en otra parte, de otra manera”. (CP, p, 454).
 
Reproche injusto a Freud y a Lacan. En cuanto a Freud, recordemos aquí solamente su exposición sobre “El poeta y la actividad de fantasmear” (1908), pronunciado en la librería de Hugo Heller en Viena. Quién, antes que Freud, ha tratado el fantasma como una producción “ligera”, lisando, flotando entre los tres tiempos de nuestras representaciones, la actualidad de una impresión, capaz de despertar los deseos del sujeto, el pasado de una experiencia infantil y el futuro del deseo? Freud no contribuye con esta teoría de manera inédita a la teoría de la facultad de la imaginación?
 
Y el “Seminario de la 'La carta robada' desborda la “práctica clásica” de ciertos conceptos   (“la verdad habita la ficción”) cuando Lacan habla por ejemplo de los efectos sintomáticos que la carta efectúa sobre los sujetos del cuento. Efectos de ninguna manera reductibles a su mensaje. Cierto, podemos reducir estos efectos a la castración. (Que esta, [la carta], esté en sufrimiento, son ellos [los sujetos] quienes van a sufrir de esto. Escritos,p.30). Pero la feminización del ministro no es sinónimo del hecho de que él descubrirá que la carta no está en su lugar cuando Dupin se la haya llevado. Él está en la misma situación que la Reina siendo que él la esconde todavía, porque comete el error de sentirse protegido por la imbecilidad de la policía que la buscaría incluso hoy si Dupin no la hubiera encontrado.
 
El ministro pasa a un lado del poder de la carta, él ya se separó de esta, ya perdió su custodia incluso cuando todavía la conserva, porque en efecto, él solo desconfía de la policía. La carta hace entonces “daños colaterales” del lado del que se la llevo, y el hecho que el ministro se vuelve mujer cuando está poseído por la carta, que él se identifica a la Reina, no es un efecto “clásico” y “normalizante” de la castración para el hombre que él es.
 
Si la mujer fuera en Lacan una “figura de la castración”, como lo supone Derrida (CP, p, 469), la reina, quien transgrede la ley porque esconde la carta comprometedora para ella delante de los ojos del rey, debería estar sometida a la castración. Sin embargo, en el texto de Poe no está dicho que el prefecto de policía entrega la carta al Rey.
 
El comentario de “La carta robada” es en la enseñanza de Lacan un tipo de work in progress digno de la exigencia derridiana de una escritura del suspenso. Porque en efecto, Lacan reconsiderando allí la figura de la Reina en su seminario “De un discurso que no fuera del semblante” del 18 de mayo del 1971, opone el ser de la mujer a la ley. Geneviève Morel que analizo minuciosamente este pasaje en su libro Ambigüedades Sexuales   distingue entonces con Lacan los valores del objeto de la mujer y su ser. Este último queda fuera del orden simbólico, fuera de la ley. El signo de “la” mujer o más bien de su ser, no se encuentra en el interior de lo simbólico y de su ley. Desde que la reina esconde la carta, ella se pone fuera de la ley y la carta se vuelve el signo de la mujer en tanto que esta está fuera de la ley. “Y este signo feminiza los sujetos cada uno en su turno porque por el hecho de conservar la carta, ellos se ponen a su vez fuera-de-la-ley”. (op.cit., p.235). La carta pone entonces la mujer en equivalencia con el fuera de la ley. Ella no existe en el conjunto de lo Simbólico sino solamente más allá de este, lo que la acerca al Otro, cuya inconsistencia lo vuelve igualmente inexistente como conjunto de lo Simbólico.
 
El pensamiento de la rigor de lo Simbólico, que Derrida pone en burla como “falogocentrico” produjo consecuencias tan inesperadas como subversivas. Podríamos objetar que estos resultados se hacían esperar y que no fueron publicados sino solo algunos años antes del trabajo de Derrida a propósito del Seminario sobre “La carta robada”. Es seguro, pero hay que insistir sobre lo que yo ya hice alusión, a saber que el desbordamiento sintomático de la carta, dramatizado por el destino del ministro, ya se puede leer en el escrito de 1956.  A este respecto, este escrito anticipa sobre el seminario “De un discurso que no fuera del semblante” e incluso sobre el pasaje del seminario El Síntoma– contemporáneo del “Factor de la verdad” en el que Lacan hace de la mujer un síntoma del hombre.
 
El falo y la verdad son en 1956 sin duda idealistas de lo Simbólico. Esta limitación era particularmente insuficiente en lo que concierne la teoría de la verdad. Pero la feminización pasajera que sufre el ministro no se deja reducir a la castración, operación simbólica que produce una falta imaginaria. Nada le hace falta al ministro cuando el conserva la carta. Su extraña identificación con la reina no concierne tampoco lo Imaginario. La carta conduce al que se ve poseído por esta, a ponerse fuera de la ley, aunque solo sea por un tiempo, en lo Real. De allí también el juego de palabras a través del cual Lacan transforma el verso de Crébillon “Un destino tan funesto....” en “Un destino...”. Se trata allí efectivamente de un destino de la pulsión.
 
El elogio de Baltimore
 
En “Por el amor de Lacan”, (Resistencias....,p,86, Derrida cuenta un momento de su primer encuentro con Lacan : “ René Girard me comentó que después de mi conferencia en Baltimore, cuando el trataba de compartir con Lacan su propia evaluación, (que era generosa), Lacan le habría dicho : 'Si, si,  está bien, pero la diferencia entre él y yo, es que él no está en relación con gente que sufre', de forma implícita : en análisis.” Derrida le añade a esto: “ Que es lo que él sabe? Muy imprudente. El no podía decir eso tranquilamente y saber que, refiriéndose ni al sufrimiento (por desgracia, yo estoy en relación como otros con gente que sufre, usted por ejemplo) ni a la transferencia, es decir al amor que nunca tuvo necesidad de la situación analítica, para hacer de las suyas”.
 
El elogio de Lacan y su comentario por Derrida solicitan un poco de atención. No pienso que Lacan haya disminuido su reconocimiento de la calidad de la intervención de Derrida en Baltimore, cuando él dijo 'pero la diferencia entre él y yo, es que él no tiene que estar en relación con gente que sufre'. Me parece igualmente excluido que el haya querido reservarse el monopolio de la gente que sufre. Tengo más bien la impresión, que insistió sobre el hecho que su discurso estaba a cargo del síntoma, esta “verdadera huella clínica” (Escritos, p.66) y que siguiendo esta huella, su discurso nunca quedó al interior de lo que Derrida llama el “cierre metafísico”.
 
Escritura sin voz
 
 Una lectura atenta del « Seminario sobre 'La Carta robada' permite entender su elogio en el sentido de una expresión de solidaridad. Ustedes me dirán, que el síntoma puesto en evidencia en el escrito de 1956, es efecto de la carta y no ( otra vez) escritura mientras que Derrida, habla en su deconstrucción de una “escritura antes de la letra” (Cp, p.514) que sería el verdadero agente del robo y de la deriva de la letra. No podemos sino inclinarnos delante de este desenlace audaz y sorprendente de la intriga de E. Poe.  
 
Pero también podemos hacer la remarca que la idea del síntoma como escritura no-fonemática, Lacan la trabaja desde su escrito “Intervención sobre la transferencia” (1951), cuando él habla por ejemplo de la historia de Dora como de un texto “en el tono de una Princesa de Clèves presa de una mordaza infernal” (Escritos, p.223). Es más explícita su caracterización de síntomas neuróticos: los “jeroglíficos de la histeria” por ejemplo (Escritos, p.281).
 
El síntoma es a esta época y por mucho tiempo, “verdad” inscrita en el cuerpo, en los archivos de la infancia, etc. (ibid., p.259), y entonces interpretada de manera logocéntrica, inaceptable para Derrida. Pero durante la enseñanza de Lacan, la verdad se desplazara para volverse un lugar. Si el síntoma domina en el discurso de la histérica, el lugar de la verdad en el discurso no está más ocupado por un significante sino por el objeto (a), resto del goce.  Entonces no es más una verdad que habla! Tres años más tarde, el síntoma consiste en “un nudo de significantes” y, al fin en 1975, su cambio real está firmado: “un evento del cuerpo”.
 
No dudo un instante en que los trabajos de Derrida hayan favorecido estos desplazamientos, igual si Derrida se queja de los desprecios y malentendidos de Lacan a propósito de su libro De la gramatologia (cf. Resistencias..., p.71). Pero también hay que reconocer que Lacan en algunos lugares de su obra, anticipa sobre Derrida, por ejemplo en su concepción de la cadena significante.
 
 También lo leemos en “Instancia de la letra” (Escritos, p.503): “No hay cadena significante en efecto que no sostenga, pegado a la puntuación de cada una de sus unidades, todo lo que se articula a los contextos confirmados a la vertical si se puede decir, de este punto”. 
 
Yo acercaría este pasaje sobre la “polifonía”, de todo discurso de lo que Derrida descubre al “borde” del texto de E. Poe, a saber “ que todo era un asunto de escritura y escritura a la deriva; en un lugar de escritura abierto sin fin a su trasplante a otros escritos y que este asunto de escritura, el tercero de una serie en la que, ya la 'coincidencia' entre los dos precedentes se hace notar, hace de repente irrupción desde su primera palabra 'rue Dunôt, n°33,en el tercero, faubourg Saint-Germain'”.
 
Cierto en Lacan, en 1957, tenemos una cadena significante, pensada como una partición musical y en Derrida un lugar de escrituras que se trasplantan la una sobre la otra, pero el principio de poner en red esas cadenas y estas escrituras trasplantadas hace los dos textos comparables. Además, Lacan matematizó la cadena significante y la transformo así, en escritura. Derrida no habla del aparato matemático de esta cadena pero él hace referencia quizás al final de su conferencia en el coloquio “Lacan con los filósofos” cuando él rinde homenaje al “pensamiento de la contingencia, de la singularidad, del evento, del encuentro, de la suerte y de la tukhé en Lacan” (Resistencias..., p. 83.).
 
La escritura antes del fonema en el seminario “La Identificación”
 
Hacen parte de los avatares, de los problemas de archivo que las enseñanzas las más derridianas de Lacan, las enseñanzas derridianas antes de la letra, no son siempre accesibles al gran público. Se trata de las lecciones de diciembre y de enero 1961 del seminario siempre inédito “La identificación” sobre el trazo unario y no el nombre propio.
 
También Lacan, anuncia en la lección del 20 de diciembre de 1961 muy claramente la preeminencia de la escritura sobre el fonema. Hay que observar que los progresos en la escritura pasan por el préstamo que una civilización le hace a otra, a una civilización extranjera. “La escritura, él enseña después de haber leído el libro de James Février sobre La historia de la escritura, esperaba ser fonetizada y es en la medida en el que esta es vocalizada como otros objetos, que la escritura aprende si se puede decir, a funcionar como escritura”.
 
El afirma: “Cada vez que hay un progreso de la escritura, es porque una populación ha intentado simbolizar su propio lenguaje, su propia articulación fonética, con la ayuda de un material de escritura tomado de otra populación y que solo en apariencia estaba bien adaptado a otro lenguaje; porque esta no estaba tampoco mejor adaptada”.
 
Me parece que la exposición de Mme. Talagrand en estas jornadas ingresa una pieza a este archivo abierto por Lacan a comienzos de los años sesenta.
 
En cuanto al nombre propio, él hace notar como otros antes y después de él que se conserva cuando uno pasa de una lengua a otra y que es por esta razón que siempre se han buscado los nombres propios cuando se intentaba descifrar un jeroglífico desconocido. Y el decir de Lacan “la característica del nombre propio está siempre más o menos ligada a este trazo de lazo no con el sonido, sino con la escritura”.
 
Respuesta a la deconstrucción de los tres motivos
 
Quisiera ahora volver a tres de los “motivos” del “Seminario sobre 'La carta robada'” que Derrida deconstruyó.
 
El primero es “la posición transcendental del falo”. Tengo dificultad en comprender aquí, el epíteto “transcendental”. Lacan habla sobre todo – y Derrida lo cita – del “significante privilegiado” (Escritos, p.692). En la medida en que Lacan piensa que “la verdad es lo que se instaura de la cadena significante” (Escritos, p.235) – una definición inspirada por la lógica – no se ve en qué el falo, pensado en 1965 como “punto de verdad” sea como “un punto de falta” en el sujeto, que sea un significante transcendental. Podemos evidentemente dar razón a Derrida cuando uno entiende por “trascendental” el hecho que es universal y el único significante del sexo para todos, asociado al Nombre del Padre.  Esto cambia más tarde, con la introducción del no-todo. Por el resto de su característica, a saber que la naturaleza del falo se manifiesta como falta de pene de la madre, Lacan solo da en el escrito de 1965 la doctrina de Freud, la suya va más lejos. 
 
Considerando esto, es interesante de anotar que Derrida parece confirmar la idea que Marie Bonaparte se hace de la restitución de la carta a la reina y de su lugar de escondite entre las piernas de la chimenea. Pero esta idea es puramente imaginaria, porque la reina no aumentará en nada su poder cuando el prefecto de policía le habrá entregado la carta.
 
El segundo motivo es el “escamoteo de los efectos del doble en el relato de Poe”. Derrida tiene absolutamente razón de remarcar esta fragilidad en el análisis de Lacan. Derrida escribe “El seminario forcluye sin piedad esta problemática del doble y de lo siniestro (Unheimlichkeit en el texto).
 
Lacan no hace nada del desdoblamiento manifiesto entre el narrador y Dupin, él descuida también la fuerte presunción  que se puede tener sobre el hecho que Dupin y el ministro son hermanos enemigos y quizá incluso gemelos. Pero para Derrida, la carta puede dividirse.Como él la identifica al falo, puede escribir con ironía: “El sujeto está muy dividido pero el falo no se comparte nunca” (Cp., p.494). Y como la carta se puede dividir, como hay diseminación de la carta, esta ocasiona el fenómeno del doble en los personajes de Poe. Derrida escribe: “La divisibilidad de la carta es también la del significante al cual ella da lugar y así a los 'sujetos', 'personajes' o 'posiciones' que están sometidos a este y que los representa'”.
 
 Extraño paso acompasado de la carta a los sujetos! Derrida acepta entonces aquí la supremacía del significante, el hecho que este divide y somete los sujetos, pero el concepto de significante Uno como instancia que divide, para él concierne la “atomística”. La carta es  divisible y divide. Pero, no todos los sujetos de la historia de Poe tienen doble, excepto si se quisiera hacer del prefecto un doble del rey. Y por otro lado, el doble no se volvería un puro efecto de lo simbólico? Lacan lo ubica entre los fenómenos imaginarios pero se puede discutir esta depreciación.
 
En tercer lugar, el motivo de la palabra plena. Derrida cita de manera amplia los pasajes del “Discurso de Roma” donde Lacan une la palabra plena a la verdad y hace de la palabra verdadera la finalidad misma del análisis, cuando él escribe por ejemplo (Escritos, p.302): “El análisis no puede tener como objetivo que el advenimiento de una palabra verdadera y la realización de su historia por el sujeto en su relación a un futuro”.
 
Quién se ofuscaría de la exigencia expresa en la segunda parte de esta frase, a saber que un análisis debe permitir al sujeto realizar su historia de la misma manera que se dice que alguien realiza la situación en la cual se encuentra y que asumir su historia por el analizante,  debe abrir hacia un futuro? Queda el problema de la palabra plena y de su relación con la verdad. Sabemos como Lacan evolucionó sobre esta cuestión después de “Función y campo de la palabra y del lenguaje”. Tomen solamente las tres primeras remarcas al final de “La dirección de la cura”, cuando Lacan resume su pensamiento a este respecto:
 
“1. Que la palabra (…) tiene todos los poderes, los poderes especiales de la cura; 2. Que estamos bien lejos por la regla de dirigir el sujeto hacia la palabra plena [Yo subrayo, F.K], ni hacia el discurso coherente sino que lo dejamos libre de ensayar esto; 3. Que esta libertad es la que él más mal tolera.
 
Pero es en “Función y campo....” que se puede ya encontrar lugares donde Lacan testimonia de su respeto por la palabra del analizante, que esta sea plena o vacía. Los envío solo a la página 251. Después de haber dado coraje al analista en su “arte” de “suspender las certitudes del sujeto”, después de haber reconocido el valor del discurso vacío y su relación al silencio como “ valor de tessère (en francés), según la metáfora de Mallarme – Derrida leyó por supuesto y cito este pasaje – después de haber apreciado la significación de “ la historia cotidiana” contada por el analizante; Lacan no duda en decir su compromiso como analista, porque él siempre se opuso a la suficiencia de los analistas que dejan a sus pacientes plantados con sus afectos y pensamientos. De una parte, Lacan se abstiene de todo juicio sobre la palabra del analizante, una actitud muy cercana a la adoptada por Freud en La cuestión del análisis profano, capítulo V (traducción: Janine Altounian et alii): 
 
“El [el paciente] le dice a usted cualquier cosa y esto no tiene inmediatamente más sentido para usted que para él. Usted tendrá que decidirse a tomar de una manera muy particular el material que le entrega el analizado por sumisión a la regla. Un poco como un mineral del que se extrae el contenido de un metal precioso por procedimientos especiales. Y además usted está ahora listo a trabajar toneladas de minerales que quizá contienen solo un poco de la preciosa materia buscada. Esta sería la primera justificación de la duración de la cura”.
 
No podemos aquí reconocer lo que Freud llama aquí “ el contenido del metal precioso” este agalma  del cual Lacan nos conversa en su seminario “La Transferencia”. Es al menos un punto de mi lectura del libro de Freud de 1926, que yo propuse hace mucho tiempo en un artículo sobre la represión de la cuestión del análisis profano en la IPA.
 
Destreza
 
El proceder de Lacan, su destreza era en efecto especial. Porque él no se contentaba con hacer sesiones cortas; sus puntuaciones, interrupciones e interpretaciones iban incluso hasta alterar el discurso del analizante de suerte que este se encontraba de repente, en otro mundo que en el de su fantasma. Lacan se dejaba durante toda su vida inspirar por los grandes artistas de su tiempo, adoraba Marcel Duchamp. Y es un gesto frecuente en los grandes artistas de apoderarse de un pedazo cualquiera de una realidad o de un discurso para hacer de esto otra cosa diferente y que está muy lejos de la intención que ha llevado a esta realidad o a este discurso.
 
La implicación clínica era muy clara: No nos quejemos siempre de ser mal escuchados, o no ser escuchados del todo, de ser interrumpidos por cualquier autoridad, algún hermano o los padres y de no ser comprendidos? Nadie negara el traumatismo que sufrimos cuando no somos escuchados. Hay que estar especialmente disponibles cuando tenemos que hacer con un traumatizado del discurso y de la comunicación? Sin duda, si, es necesario, pero de qué manera? Es suficiente de dar su tiempo o no estaría mejor ofrecer al traumatizado – y fue esto lo que Lacan hizo- una pequeña evasión fuera de su universo triste, en otro mundo posible, como si el soñara? Fue esto, el pharmakon, el antídoto, sin duda doloroso al trauma que Lacan había manejado.
 
Alteraciones
 
Hace 15 días, visité la casa natal de Hegel en Stuttgart. Transformada en museo, esta casa funciona un poco como todos esos lugares en donde se expone facsímiles de cartas, las diferentes ediciones de obras del autor y un florilegio de sus pensamientos pintados sobre los muros. La última pieza de la casa de Hegel está dedicada a las relaciones del filósofo con nuestra época y también con el arte contemporáneo. Sin falta de humor los responsablessouabes del monumento muestran allí, una obra del artista Dieter Rot que yo conocía únicamente en fotos. Rot  en efecto transformó las obras completas de Hegel en unas veinte salchichas, es decir que hizo de cada volumen una salchicha en papel.
 
Esto es una intervención un poco violenta y grosera de un gran artista a propósito del discurso imponente del más grande filósofo alemán. Rot ya había tratado Thomas Mann de la misma manera. Comentando su propia obra, él explica que debía defenderse a su manera de esos pesos pesados de la filosofía y de la literatura alemana y que al mismo tiempo había tenido necesidad de decir su envidia de su éxito y de su autoridad ahogante. Estas obras de Dieder Rot forman algo sin valor ya que en alemán se puede decir “das ist mir Wurst” por “me da igual”, “me burlo de eso”, “no me importa”. Protestación sin duda anal!
 
Qué relación tiene la puntuación analítica? El analista no dirá sin embargo a su analizante que él se burla de su palabra, incluso si esto puede tener efectos no despreciables! La puntuación en una palabra vacía o plena, poco importa, la puntuación que altera esta palabra que la vuelve falsa quizá y la hace dudosa, sirve a tejer toda una historia nueva, ella soporta la versión creadora de la transferencia, de la cual Lacan hace la promoción en su Seminario XI. Y así, esta es profundamente derridiana, antes que la letra, joyciena también, en la medida en que una sílaba sobre una página de Finnegans Wake puede contarle a usted toda una historia, constituir una epifanía. Ella, la puntuación, sostiene también un dialogo mudo entre el sujeto y el analista, un poco de la misma manera que las salchichas en papel que Dieter Rot hizo a partir de los 20 tomos de Hegel. Entonces, el autor de la Fenomenología del Espíritu le devuelve bien la moneda: ' tú me dices que te burlas de mí, pero en verdad te hago sufrir, tienes envidia de mi poder y de mi influencia en la historia del mundo'. Márquez que es el analizante que habla, a la ocasión Hegel, analizado, interpretado por el artista.  
 
Esto corrobora la observación de Lacan en El Anverso del psicoanálisis, que el practicante es masoquista mientras que Sade, él, es teórico, el teórico que había contradicho Freud a propósito de la pulsión de muerte. (cf. El Anverso del psicoanálisis, pp.75-77). En efecto, por Saint-Fond en La historia de Julieta, la muerte no tiene la finalidad de un retorno de la vida a lo inanimado. Saint-Fond quiere continuar a atormentar sus víctimas más allá de su muerte. Es de esta manera que quiere servir el goce de Dios.
 
La puntuación si minimalista que esta sea, tiene en cuenta la diseminación. Simplemente si esta gana, saca al sujeto por un tiempo del falso cálculo, de la mala arborescencia de su discurso, incluso si él aborrece ser molestado por este acto del psicoanalista.
 
El génesis irónico de la escritura en”Lituraterre”
 
Derrida y Lacan no se encontraron muchas veces. Derrida solo recuerda haber hablado dos veces con Lacan y haberlo cruzado una tercera vez en un cocktail. Derrida se queja además que Lacan no lo leyó verdaderamente. Sin embargo, Lacan parece hacer alusión a lo que él recibió de Derrida. Lo hace de manera elíptica y de manera insuficiente, hay que admitirlo, en su escrito “Lituraterre” (1971).
 
No haré la exégesis de este escrito aquí, pero plantearé un solo punto, o mejor una pizca cuyo sabor no se le escapará a los clínicos. Notemos que este escrito es contemporáneo de un dominio artístico que se ha llamado land art (arte de tierra). En efecto, Lacan se entregó a una lectura particular. El hizo una lectura de lo que veía en el llano siberiano a través de la ventanilla del avión que lo había llevado de Japón a Francia.
 
El ve entre las nubes en este “llano desolado sin ninguna vegetación”, un centelleo “la única huella que aparece”. El hace la suposición que hay un “trazo primero”, que este centelleo borra, convirtiéndose así en el aroma (bouquet en francés) de ese trazo primero y de lo que lo borra. Haciendo alusión al arte del trazo en el arte japonés, él distingue de este borramiento del trazo sobre el llano siberiano la “tachadura”. Esta es, dice él, “la tachadura de ninguna huella que haya existido antes” y es lo que distingue la tachadura del centelleo percibido sobre esta tierra.
 
La palabra “tachadura” se encuentra en “literatura”. Lacan hace volver la literatura al significante latino litura. El articula entonces, este significante litura al sujeto dividido. Producir este litura  puro “es reproducir esta mitad sin par de la cual, el sujeto subsiste”. Esta reproducción del trazo del sujeto sería la hazaña de la caligrafía y Lacan parecía pensar que la literatura pura debía tomar un modelo de este arte.
 
El propone entonces una apología para promover su idea de una escritura que se inscribiría en lo real. Y para esto, él vuelve sobre el centelleo que él vio entre las nubes sobre el llano siberiano. Estas nubes, estos nubarrones, él los compara al significante o sea al semblante por excelencia. El significante tiene una forma, el es  forma - “forma, fenómeno, meteoro” escribe él, respondiendo de esta forma quizás, al reproche de Derrida de haber idealizado el significante y su forma.
 
Entonces, el semblante se rompe como las nubes cuando llueve. Lo que había estado  allí suspendido, esta “materia en suspensión” detrás de las bellas formas, se precipita. Habrá entonces rupturas de semblantes, una ruptura que no es otra cosa que goce. Así, el goce es lo que se presenta en lo real como un “surco” (“ravinement” en francés).
 
Es en este momento que Lacan introduce el termino de escritura: “...la escritura es en lo real, el surco del significado, lo que no tiene más semblante, en tanto que este hace el significante”.
 
Detengámonos antes de concluir sobre estas anotaciones. La apología de Lacan de la cual yo solo pude extraer lo esencial, puede parecer un poco ingenua. Esta es en verdad bastante sofisticada y tiene un verdadero impacto en la clínica. Primero, contiene una crítica de la teoría del significante que no es más el alpha y el omega del inconsciente. Su forma bella toma el relevo del significante. El “falogocentrismo”, que nunca tuvo el lugar en la obra de Lacan que Derrida le supone, no tiene más lugar de ser. Él esta deconstruido.
 
Pero esta puesta a distancia vale también por la escritura. Porque después de todo, si seguimos esta apología, el agente de la escritura se vuelve el objeto menos digno que sea, a saber, el semblante. Una escritura seriosa, la de Joyce o a la de Beckett tienen en cuenta esto siempre, haciendo una ironía del semblante. Una escritura seriosa reflexiona sobre su condición.
 
Lo que está inscrito en nuestro cuerpo no es tanto palabras sensatas sino el semblante con el cual ellas fueron pronunciadas por alguna oscura autoridad. “Eco en el cuerpo del hecho que hay un decir”, es así que Lacan define la pulsión en su seminario El Síntoma (p.17, 18 noviembre 1975).
 
Entonces, esta crítica del significante como semblante se prepara en la enseñanza de Lacan desde la clínica de la psicosis. Cuando Lacan supone al psicótico la decisión de rechazar él mismo, la impostura de un padre que se identifica a la ley, ya delimita la intolerancia de un sujeto, llevado al extremo por el semblante que se da fuerza de ley. La dirección de la cura puede explotar el margen de maniobra que esta teoría del semblante y de la escritura le acondiciona.
 
No, Lacan no dijo todo, y no todo está en Lacan. Todavía tenemos mucho que leer en Derrida y aprender de él. Preparando esta presentación, me hice la pregunta si mis lecturas absolutamente incompletas del filósofo me ayudarían en mi práctica. La respuesta no se dejó esperar. Aquí están tres viñetas como ejemplo:
 
Grabando (recording en inglés) y ausencia
 
Una analizante regresa en un sueño a su pequeño apartamento, que ella guardó como lugar de trabajo a lado de su casa señorial que comparte con su marido y sus cinco hijos. En su sueño, el apartamento amueblado con cuidado y con atención a que sea funcional, está completamente vacío. Fue vaciado de todos sus objetos, robado por una banda de mafiosos que según una fuente misteriosa, tenía la intención de instalar allí un tráfico de discos y de grabar discos piratas a partir de los discos de su marido, un gran melómano. Ella está muy chocada por este espacio vacío que encuentra en este lugar, que ella llama “el antro de (s)i-mismo”. Podríamos decir que este sueño tiene una orientación a la vez lacaniana y derridiana. Le sujeto no encuentra allí sus objetos personales sino su propio vacío. Pero pronto una producción de discos falsos, de discos recopilados, pirateados, un “archivo mecánico”, un recording, diría Derrida, estará instalado en ese lugar vacío. Habiendo escuchado esta analizarte desde hace un cierto tiempo, no me es difícil interpretar su sueño. Ella se enamora de forma repetitiva de hombres que tiene una cierta autoridad: colegas más avanzados que ella, profesores de sus hijos, etc; y ella invierte mucha energía para acercarse a estos hombres, sin por esto, anudar un real lazo con ellos. Ella les escribe, se vuelve indispensable para ellos, va a los lugares donde ella está segura de encontrarlos. A pesar del carácter anodino de su infidelidad, ella tiene mucho miedo que su marido pueda entrar en su computador o su celular y descubrir allí los mensajes enviados a sus amantes platónicos. El podría encontrar estos archivos que volverían falsas las palabras y discursos que ella intercambia con él. Lo que parece volverse letra muerta, letra técnica, estas cartas grabadas en un disco duro, tendrían más poder sobre ella, que todas las palabras vivas!
 
Mi segunda viñeta me fue dada por una paciente esquizofrénica. Ella tiene un almacén, lo que le permite hacerles regalos a sus amigos. No hace mucho tiempo, ella declara en sesión que ya no puede ofrecer nada más, que hacer un don le sería imposible. Y porqué? Ella no puede hacer más dones porque se dio cuenta que simplemente no está allí, cuando ella da. Ella no existe. La ideología de la presencia y del ser le daría razón. Pero el pensamiento de Derrida no devaluaría en nada sus donaciones.
 
En fin, mi tercera viñeta. Un hombre repite este sueño simple: Él quiere entrar en la casa y jamás puede. Sujeto a la deriva, él no llegaría nunca a su destinación. Quizás. Pero si su sueño realizaría simplemente su deseo de no entrar en su casa?
 
Me parece difícil negar que el encuentro entre Lacan y Derrida, nunca tuvo verdaderamente lugar. Esta será la tarea de los historiadores como Elisabeth Roudinesco de compartir las responsabilidades, a partir de la interpretación salvaje que el analista hizo de una historia íntima del filósofo y que Elisabeth Roudinesco restituye en la página 418 de su Historia del psicoanálisis en Francia. Derrida nos renvía. Los lectores de Derrida y de Lacan sabrán quizás sustituir un dialogo que quedó en puntos suspensivos, pero no podrán substituirse a estos autores. El psicoanálisis sería hoy menos frágil, si ellos mismos hubieran desplegado su conflicto.
 
 
1:Jacques Derrida, Resistencias del psicoanalisis, Galilée, Paris 1996.
2:Jacques Derrida, Ulysse gramophone – deux mors pour Joyce, Galilée, Paris 1987, p.65.
3: Jacques Derrida, «  El factor de la verdad », en  La postal de Sócrates a Freud y más allá. Flammarion, Paris, 1980, (desde ahora citado como CP, pp. 441-524).
4:Jacques Derrida, La Dissémination, Seul, Paris 1972, p.228.
5:Jacques Lacan, Ecrits, Seuil, Paris 1966.
6: Jacques Lacan, El Seminario livre VIII, La Transferencia, Seuil, Paris 1991, p.99.
7: Jacques Derrida, Positions, Minuit, Paris 1972, pp.40-41.
8: Geneviève Morel, Ambigüedades Sexuales, Anthropos, Paris 2000, pp.234-236.
9: Jacques Lacan,  El Seminario libro XVII, El Reverso del psicoanalisis, Seuil, Paris 1991, p,48.
10:Souabes una población en Alemania, en alemán se escribe Schwaben (nota de la traductora)